Proyecto Narrativo. Comienzos.

Perdón por la demora en subir algo sobre el proyecto. Cambié de idea sobre la historia de mi narración, que ahora no se va a centrar en un pueblo, sino en la vida de una mujer en un pueblo. Sobre todo me interesa experimentar con dos narradores distintos en el relato, uno protagonista, o testigo, y otro omnisciente. Estuve probando bastante hasta que encontré las voces y el ritmo de los dos narradores.
Para buscar la "voz" de uno de los narradores leí varios relatos de Onetti, un autor del que sólo conocía "Un sueño realizado", pero que tenía pendiente profundizar. Creo que la temática de sus historias es muy interesante, y siempre sus relatos resultan en cierta forma perturbadores, pero su estilo de oraciones vertiginiosas y detallistas, que exigen relecturas cuidadosas, es lo que más me atrae. No sé exactamente qué podría incorporar de sus cuentos al mío pero de todas formas sus lecturas no tienen desperdicio.
Apenas tenga alguna parte completa del cuento la subo (hasta ahora sólo tengo fragmentos dispersos y la esperanza de unirlos). También voy a subir algunas notas de lectura de Onetti. Saludos!

El Sitio de los Sitios. Juan Goytisolo

17:02 Publicado por Alis 3 comentarios
Juan Goytisolo es un escritor e intelectual español nacido en Barcelona en 1931, considerado el narrador más importante de la generación del `50. En su blog Jorgelina hizo una síntesis biográfica de este autor así que solo me gustaría agregar los links a un par de entrevistas interesantes que encontré: www.babab.com/no00/juan_goytisolo.htm donde el autor reflexiona sobre historia y actualidad, y http://comunpresenciaentrevistas.blogspot.com/2006/12/juan-goytisolo-entrevista.htm en la cual se centra un poco más en su particular relación con la literatura y el lenguaje.
Mi análisis se centra en el capítulo 2 del libro El sitio de los Sitios: "Ben Sidi Abú Al Fadaíl". En su relato Goytisolo utiliza dos narradores protagonistas distintos, uno que podría ser él mismo, y el otro un colega y amigo historiador. Creo que esto es lo más interesante en relación a mi proyecto narrativo, que también presenta dos narradores, y espero que, como en éste, su identidad pueda ser develada en el transcurso de los acontecimientos.
El episodio narrado en este capítulo comianza con la llegada de Al Fadaíl, un "santo de la capital almohade", al hotel donde trabaja uno de los protagonistas, seguido por su muerte en un atentado y la conspiración de los empleados para escamotear su cadáver con el fin de preservar sus escritos. Se trata de una historia verosímil, tal vez incluso inspirada en hechos reales, a pesar de que una enumeración de los acontecimientos parezca indicar lo contrario.
Lo que más me cautivó de este relato fueron las reflexiones iniciales sobre el día en el que ardió la Biblioteca de Sarajevo, en cuyos archivos los protagonistas se habían documentado para sus investigaciones por años. Todo el pasado y la memoria de un pueblo reducidos a cenizas, la desolación más terrible e inexplicable para cada uno de sus habitantes, hermanados en desposesión y desgracia. "Historia esfumada en silencio".
Es en estas condiciones que los escritos del Santo llegados a las manos del protagonista cobran una importancia inconmensurable, ya no meramente histórica o literaria, sino como germen de la esperanza. En palabras del narrador: " La beatitud nos invadía. A la fuerza salvaje del enemigo y su doctrina de las fronteras trazadas con sangre, opondríamos el arma prenne y sutil de los débiles: la dispersión seminal de sus voces, las variantes infinitas de la palabra!"

La Representación del Mundo. Notas sobre Olson


El texto analizado, “La representación del mundo en mapas, diagramas, fórmulas, imágenes y textos”, es el décimo capítulo de El mundo sobre el papel de David R Olson. En éste, el autor se propone evaluar el éxito que han tenido los artistas y escritores del S XVII en su intento de llevar el mundo al papel examinando la evolución de las representaciones en cinco casos ilustrativos: las pinturas representacionales del arte holandés, la representación del mundo en mapas, la representación del movimiento físico en notaciones matemáticas, la representación de especies botánicas en herbarios y la representación de acontecimientos imaginarios en la ficción.

En primer lugar, cabe destacar que para Olson “el mundo sobre el papel es una metáfora apta para analizar las implicaciones de la cultura escrita, dado que mediante la creación de textos que funcionan como representaciones, es posible abordar el mundo, pero el mundo tal como es copiado o descripto.”

Esto resulta especialmente claro en el pasaje dedicado a los mapas, cuando se afirma que los viajes de descubrimiento de John Cook y Colón no deben ser considerados simplemente la proyección del mundo al papel sino la exploración del mundo desde el punto de vista de un mapa. Una vez que fue calculable tanto la latitud como la longitud, fue posible integrar la información de todas las localizaciones en una única imagen del mundo. Estas nuevas representaciones del mundo y la nueva sofisticación en navegación sirvieron como teoría para generar nuevas predicciones. Esto lleva a Olson a afirmar que “el viaje de Colón hacia el Oeste fue representativo”, ya que todas las inferencias del almirante sobre la trayectoria a seguir para llegar a las Indias fueron hechas a partir de un mundo de papel. Este mapa del mundo servía, en definitiva, como modelo teórico para representar lo desconocido.

Los casos analizados en el texto ilustran el impacto sobre la estructura del conocimiento y, por lo tanto, sobre los modos de pensar cuando se comienza a examinar el mundo prestando explícita atención a los modos de representarlo. Noto aquí cierta similitud con el texto “Estar allí” de Geertz, en el cual se proponía la observación de los propios textos etnográficos para poder reflexionar sobre cómo la forma en que se construye un relato afecta el sentido global del mismo. Para Olson, al igual que para Geertz, se trata de un nuevo modo de leer así como de un nuevo modo de escribir: la escritura como creación de “representaciones.”


Sobre el autor

David Olson estudió en las Universidades de Saskatchewan y Alberta. Fue miembro en calidad de fellow del Centro de Estudios Cognitivos de Harvard y del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias de la Conducta de Stanford. Es ex-presidente de la Asociación Canadiense de Psicología y durante varios años fue co-director del Programa McLuhan de Cultura y Tecnología de la Universidad de Toronto. Desde 1971 es profesor de Ciencias Cognitivas Aplicadas en el Instituto de Ontario de Estudios de Educación. Sus investigaciones sobre el conocimiento, el desarrollo cognitivo y la escritura se han plasmado en diez libros y más de doscientos artículos, de los cuales dos fueron calificados como “clásicos”.

Notas de tres cuentos. Corrección

En el mar. Cuento de marineros. Chejov.

La forma de modalización narrativa del relato de Chejov consiste en un “Yo protagonista”, ya que el personaje central de la historia es, a la vez, el sujeto de la enunciación de su discurso. Esto permite al narrador realizar numerosas pausas del tipo disgresivo, en las que introduce indicaciones interpretativas e ideológicas.

Puede verificarse, a su vez, la secuencia narrativa estructurada jerárquicamente descripta por Jean Michel Adam y sus seis componentes fundamentales: situación inicial, complicación, acciones, resolución, situación final y evaluación. Ésta última no aparece en la superficie del texto, ya que como plantea Piglia sobre el cuento moderno, la historia secreta es contada de un modo elusivo y la tensión entre las dos historias es trabajada sin resolverla nunca.

Podríamos agregar que un segmento bastante amplio de tiempo de la historia es omitido del relato a través de la elipsis. Otra técnica narrativa utilizada por el autor es el ralenti, con el cual logra expandir el tiempo del relato a pesar de que el tiempo de la historia no es muy extenso. Se consigue a través de descripciones minuciosas de personajes y escenarios, y como efecto el lector siente que “acompaña” al protagonista y su padre a espiar por un agujero en la pared, y que ninguno comprende bien lo que está sucediendo hasta el final, cuando todos descubrimos la escabrosa verdad al mismo tiempo.

El cuento como posibilidad de espiar el drama ajeno, entendiendo a medias, malinterpretando, me remonta a la infancia… a esas conversaciones de adultos que escuchamos sin saber, a diferencia de los protagonistas del cuento de Chejov, cuándo es el momento de alejarse.


La forma de la espada. Jorge Luis Borges.

La forma de la modalización narrativa de este cuento es bastante singular, ya que comienza con un narrador testigo, el propio Borges, personaje periférico que asume la enunciación del discurso. Luego el personaje central también será sujeto de la enunciación de su discurso, mediante un monólogo en el que referirá su historia a Borges.

La temporalización es anacrónica, ya que el tiempo de la historia se ve alterado en el tiempo del relato mediante el uso de la analepsis para dar un salto hacia el pasado (flashback). El narrador también hará uso de la metanarración para tematizar sobre su propia manara de narrar. Es probable que gran parte de la verosimilitud del relato se deba a este recurso, muy utilizado en la mayoría de las obras de Borges.

En los teóricos pudimos ver cómo los relatos, según Bruner, tienen el poder de dar sentido a la experiencia, de permitirnos reflexionar sobre la experiencia, gracias a la cualidad del “extrañamiento”… Creo que lo que resulta más trágico del cuento de Borges es que este personaje, Vincent Moon, se “extrañe” de su propia historia de una forma tan extrema que incluso llegue a negar su identidad, en sus palabras, para evitar el desprecio de Borges; aún así, el lector sospecha que en realidad es para evitar su propio desprecio, y este relato “extrañado” es tal vez el único modo en el que puede permitirse reflexionar sobre su terrible historia.



¿Por qué no bailan? Raymond Carver.

Este cuento de Carver presenta algunos aspectos narratológicos poco usuales que cautivan la atención del lector. En primer lugar, la técnica narrativa más utilizada por el autor es la escena, que mediante el uso casi exclusivo del diálogo produce un ritmo narrativo equilibrado entre el desarrollo de la historia y del discurso. También resulta fundamental la utilización de la elipsis en la construcción del relato.

Otro aspecto inusual es el cambio de perspectiva en el discurso, que en un principio sugiere como personaje central a un determinado sujeto (el propietario de la casa) para luego “abandonarlo” y adoptar la visión de un personaje periférico (la chica).

Me hizo recordar bastante “Los Asesinos” de Hemingway. Los recursos que utiliza Hemingway en su cuento son similares a los empleados por Carver (escena y elipsis) y el efecto que producen no es muy distinto. La incómoda tensión que se genera a lo largo de todo el relato, esa inconfundible sospecha del lector de que tras estas escenas aparentemente triviales se cierne un drama terrible que en cualquier oración se revelará ante nosotros, sacudiéndonos del suelo con la violencia de un volcán en erupción… Tal vez en la próxima oración…

Lo que más me atrae de este cuento de Carver es cómo abre ante mí un sinfín de interrogantes sobre los protagonistas y sus historias cruzadas, cómo me da la libertad de imaginar otras tantas infinitas y posibles explicaciones, y cómo finalmente me abandona sin advertencia, entre muebles usados y los ecos de un viejo tocadiscos, preguntándome si es que en realidad existió algún volcán.

Notas de tres cuentos

En el mar. Cuento de marineros. Chejov.

La forma de modalización narrativa del relato de Chejov consiste en un “Yo protagonista”, ya que el personaje central de la historia es, a la vez, el sujeto de la enunciación de su discurso. Esto permite al narrador realizar numerosas pausas del tipo disgresivo, en las que introduce indicaciones interpretativas e ideológicas.

Puede verificarse, a su vez, la secuencia narrativa estructurada jerárquicamente descripta por Jean Michel Adam y sus seis componentes fundamentales: situación inicial, complicación, acciones, resolución, situación final y evaluación. Ésta última no aparece en la superficie del texto, ya que como plantea Piglia sobre la versión moderna del cuento, la historia secreta es contada de un modo elusivo y la tensión entre las dos historias es trabajada sin resolverla nunca.

Podríamos agregar que un segmento bastante amplio de tiempo de la historia es omitido del relato a través de la elipsis. Otra técnica narrativa utilizada por el autor es el ralenti, con el cual logra expandir el tiempo del relato a pesar de que el tiempo de la historia no es muy extenso. Se consigue a través de descripciones minuciosas de personajes y escenarios, y como efecto el lector siente que “acompaña” al protagonista y su padre a espiar por un agujero en la pared, y que ninguno comprende bien lo que está sucediendo hasta el final, cuando todos descubren la escabrosa verdad al mismo tiempo.

La forma de la espada. Jorge Luis Borges.

La forma de la modalización narrativa de este cuento es bastante singular, ya que comienza con un narrador testigo, el propio Borges, personaje periférico que asume la enunciación del discurso. Luego el personaje central también será sujeto de la enunciación de su discurso, mediante un monólogo en el que referirá su historia a Borges.

La temporalización es anacrónica, ya que el tiempo de la historia se ve alterado en el tiempo del relato mediante el uso de la analepsis para dar un salto hacia el pasado (flashback). El narrador también hará uso de la metanarración para tematizar sobre su propia manara de narrar. Es probable que gran parte de la verosimilitud del relato se deba a este recurso, muy utilizado en la mayoría de las obras de Borges.

¿Por qué no bailan? Raymond Carver.

Este cuento de Carver presenta algunos aspectos narratológicos poco usuales que cautivan la atención del lector. En primer lugar, la técnica narrativa más utilizada por el autor es la escena, que mediante el uso casi exclusivo del diálogo produce un ritmo narrativo equilibrado entre el desarrollo de la historia y del discurso. Me hizo recordar bastante “Los Asesinos” de Hemingway. También resulta fundamental la utilización de la elipsis en la construcción del relato.

Otro aspecto inusual es el cambio de perspectiva en el discurso, que en un principio sugiere como personaje central a un determinado sujeto (el propietario de la casa) para luego “abandonarlo” y adoptar la visión de un personaje periférico (la chica).

Notas sobre Piglia

15:13 Publicado por Alis 1 comentarios
Al repasar la “tesis del cuento” de Piglia, el primer relato que recordé fue uno que había leído hace bastante tiempo pero que me había impresionado mucho, “El puente sobre el río del Búho” del escritor norteamericano Ambrose Bierce. En aquel momento sentí cierta urgencia de releerlo para contrastar la tesis propuesta con un cuento de algún autor que Piglia no hubiera citado. Sucedió que, al no hacerlo de inmediato, acabé por postergarlo indefinidamente.

Hace unos días tuve la oportunidad de hacer la relectura del cuento de Bierce. En realidad, no se trataba de la primera vez que lo releía (la comprensión del relato en cierta forma lo exige), pero esta relectura fue esencialmente distinta a las anteriores. La diferencia fundamental, por supuesto, estaba en el análisis al que intenté someterlo. Comencé a leerlo con la inusual consigna de permanecer en cierta forma “ajena” a la historia, no “dejarme llevar” o envolver por las palabras, las imágenes y las emociones, estar “en guardia”, sospechando de cada frase, de cada oración aparentemente casual que en realidad conspira para guardar celosamente el secreto del cuento.

Podría pensarse que esta tarea resulta sencilla por tratarse de una relectura, donde uno ya sabe en qué consiste el “truco”, el “pase mágico” que ejecuta con maestría el narrador. Sin embargo, creo que esta circunstancia lo dificulta aún más, ya que con un relato que nos resulta admirable se establece un tácito “pacto de complicidad”, donde en cada relectura nos dejamos “engañar” nuevamente y con cierto placer. Quebrar este pacto es, en cierto modo, una traición.

Con cierta culpa me dispongo, de todas formas, a realizar un trabajo cuasi detectivesco: develar los precisos mecanismos que se articulan para ocultar la “historia secreta” a la que se refiere la tesis, desmontar pieza por pieza la estructura narrativa que antes sólo me atrevía a admirar en un respetuoso silencio de catedral. Mi análisis ahora tiene también algo de profano.

En el cuento de Bierce se desarrollan dos historias en las que, como sucede en el cuento clásico según Piglia, se narra en primer plano la historia 1 y se construye en secreto la historia 2. La historia 1 es la de un soldado a punto de ser ahorcado en el marco de la Guerra de Secesión norteamericana, una minuciosa descripción del escenario, de la intensidad con la que percibe los sonidos del ambiente y de sus últimos y alucinados pensamientos, entre ellos, la posibilidad de un escape. Cortázar decía que la única forma de capturar la atención del lector, “secuestrarlo” momentáneamente, es mediante un estilo basado en la intensidad y la tensión: no creo que haya mejor forma de definir el estilo de Bierce, que nos lleva a zambullirnos desde el puente con el desdichado soldado, nadar vigorosamente entre una salva de disparos, caminar desfalleciendo por el bosque, atisbar el anhelado hogar, la mujer… Intensidad y tensión, estrategia del relato puesta al servicio de la narración cifrada, como expone Piglia.

El efecto sorpresa se produce al final, cuando la historia secreta es develada resignificando completamente la “historia visible”, como también ocurre en el texto de “La forma de la espada” de Borges. A su vez, podemos notar que los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas, como propone la tesis, y en el relato se anticipa su resolución, aunque de forma ambigua, a través de los “puntos de cruce” de las dos historias.

Lo que tal vez aún resulte inexplicable es la forma en la que el narrador logra que, cuando en las relecturas nos percatemos de estos cruces y presintamos el trágico desenlace, éste se nos presente con la misma fatalidad, una y otra vez, dejándonos con la incómoda sensación de que hemos contribuido a él con nuestra propia falta de agudeza. Entonces acompañamos al vilo las últimas oraciones, sabiendo que ya es demasiado tarde, pensando que si tal vez nos hubiéramos percatado antes, tal vez… Éste es el “pase mágico” que escapa a cualquier tesis.

Finalmente, tengo la sensación de que este principio de análisis de la estructura del cuento de Bierce ha contribuido más que traicionado a mi admiración por su perfecta trama y composición. Por supuesto, recomiendo su lectura que puede hacerse en http://www.lainsignia.org/2002/agosto/cul_066.htm.

Yo quiero ver un tren

Me acomodo los anteojos y subo los últimos escalones: Ya estoy en el vestíbulo central de la estación de trenes de Retiro. Al igual que en mi primera visita (forzada por la necesidad de conseguir monedas para el colectivo) no puedo evitar detener la mirada unos segundos en su imponente cielorraso abovedado, obra de arquitectos ingleses establecidos en el país a principios del S XX. La obra fue inaugurada 6 años después del inicio de su construcción, en 1915, y es la estación de trenes más importante de Buenos Aires, punto de llegada y partida de más de 30 líneas ferroviarias.

Noto que hoy no está encendida la pantalla gigante que pasaba videoclips mientras hacía la fila para conseguir cambio hace un par de semanas. Tal vez se deba a lo poco concurrida que se encuentra la estación en esta fresca mañana de jueves, previa al Bicentenario. Aprovecho para recorrer a mi gusto, como no tuve oportunidad de hacerlo en aquella ocasión.

Yenny, Todomoda, Panchobeat, revisterías, bares, telecabinas, un tentador Café Notable, publicidad del nuevo Flash Factory , otra de Cristiano Ronaldo advirtiendo sobre la caspa, una florería e incluso una casa de antigüedades… Sí, todavía estoy en el interior de Retiro, y cualquier expectativa previa generada por el aura mítica que rodea a una estación de trenes (para quien sólo las ha visto en películas o imaginado a través de libros) se desvaneció hace un par de negocios, bruscamente contrariada por el pequeño y eficiente Shopping a mi alrededor. Pienso por un momento que aquí no puede existir ese “Otro” extraño al que se refiere Geertz en “Estar allí”; las personas que luego serán mis eventuales compañeras de travesía podrían ser las mismas con las que viajo a diario en subte o colectivo. Tal vez la única diferencia es que por estas fechas todos llevan escarapelas.

Me dirijo a los guardias de los molinetes ya que la cartelera con indicaciones también está apagada. Uno de ellos me indica que pase, que el tren está demorado; no están cobrando pasajes. La gente comienza a impacientarse mientras aguarda buscando el tren a lo lejos, más allá de donde las filas de vehículos sobre la autopista interrumpen las nubes. Mientras adopto naturalmente sus gestos y posiciones contemplo los amplios ventanales detrás de las naves, los murales en las paredes de enfrente, los splitheads amarillos y las propagandas del libro de Redrado, conjugados armoniosamente en este curioso y desencantado escenario.

Finalmente el esperado tren llega hasta nosotros, y subo apresurada para buscar la “ventanilla ideal”, sin percatarme de que aún no conozco cuál es su destino. Mi compañero de asiento me informa que el tren se dirige a Mitre, y que tenemos una media hora de viaje. No es un viajero frecuente. Un hombre con muletas y sin una pierna sube al tren de enfrente, “no le creas a los que piden”, me advierte mi compañero, prontamente devenido en experimentado gurú de transportes ferroviarios. Me permito dudar si en este caso es posible un engaño. Observo envoltorios de caramelos bajo los asientos y agarraderas en los pasillos auspiciadas por ESPN; una creciente familiaridad resulta inevitable. Desde el otro vagón un perro es el único que me devuelve la mirada.

El tren comienza a marchar y por mi ventanilla desfilan edificios, depósitos y trenes que ya no marchan. Entonces, de pronto y casi desprevenidamente, pasando el edificio cilíndrico de Claro, por la otra ventanilla distingo las primeras “casas” de las villas bajo la autopista, unas sobre otras; de ladrillos primero, de chapas después, con la ropa tendida para secarse en este jueves sin sol, flameando como banderas olvidadas, de los olvidados. El tren cobra velocidad, parece huir; huimos. Nosotros podemos.

El viaje transcurre sin sobresaltos; un guitarrista entretiene con algunos desafinados temas folclóricos y luego arenga: “El río es nuestro… todo mal, todo mal.” Concluye con una canción de su autoría cuyo estribillo repite: “Se siente, se siente, el río es de la gente.” Una chica a mi lado intenta sofocar una risa. Pasan un vendedor de medias, otro de Beldents, una de pastelitos. Los edificios por la ventanilla y la gente en el vagón van menguando. Uno de los pocos edificios en construcción que cruzamos es de ladrillos a la vista y me recuerda tristemente a la villa, con sus casas de ladrillo apiladas, como si fueran un bosquejo impreciso de éste, que se eleva fuera de mi vista.

Entre las últimas estaciones solamente hay casas y varias plazas alfombradas de otoño; ya no alcanzo a ver edificios de departamentos ni otras construcciones de altura. Parece que el tren estuviera invadiendo sin derecho alguno esos apacibles barrios suburbanos; siento que nosotros somos unos intrusos en su paisaje cotidiano, con nuestras vías, nuestros ruidos y nuestra agresiva velocidad. Inesperadamente, por mi ventanilla se cuela una esquina de mi barrio, en Chaco, y noto que estos últimos barrios cada vez se parecen más a los de mi ciudad. Chaco, las villas, los trenes, la Argentina del Bicentenario, todo está mucho más cerca de lo que a veces creemos, de lo que a veces queremos. Entre “estar allí” y “estar acá” a veces sólo hay unos cuantos minutos en tren.

Llegamos a Mitre y debo esperar unos minutos antes de emprender el regreso. La vuelta se asemeja a una película rebobinada, con impacientes edificios brotando estación a estación. La última imagen que me llevo es la primera, la de esas embanderadas villas.

Salgo a la calle y todavía no hay sol, todavía sigue fresco, todavía es una mañana de jueves antes del Bicentenario. Lo primero que distingo es la torre de los ingleses y detrás, el Sheraton, también tan inexplicablemente cerca. No puedo evitar pensar que muchas banderas flamean orgullosas en las calles estos días, pero que nuestro orgullo debería obligarnos a recordar esas otras, las que nunca tienen sol.